Recibir un diagnóstico de cáncer cambia la vida en segundos. Pero lo que muchas personas descubren después es que el tratamiento no solo afecta el cuerpo… también transforma profundamente las emociones. Es común experimentar ansiedad, miedo, tristeza, irritabilidad o incluso culpa. Cada consulta, cada resultado y cada sesión de tratamiento puede generar una montaña rusa...

